Monseñor Celestino Aós ingresa al Colegio Cardenalicio

Difundir el amor

Exactamente cuando en Chile eran las 12:32 (16:32 en Roma), el arzobispo de Santiago, Monseñor Celestino Aós recibía de manos del Papa Francisco el birrete cardenalicio, el anillo y el título de la Iglesia de la que será “párroco” en Roma (en su calidad de colaborador del Pontífice): es la basílica dedicada a los mártires Santos Nereo y Aquileo cuya construcción se remonta al siglo IV de nuestra era.

Excepto el tradicional abrazo con el Papa, que sellaba la entrada de los nuevos purpurados al Colegio Cardenalicio la ceremonia de la creación de 13 nuevos cardenales (en realidad 11 en presencia y dos que serán creados en sus respectivas diócesis a futuro) se celebró, como es tradición en latín y con la solemnidad de siempre, aunque la pandemia obligó a reducir la presencia de fieles en la Basílica de San Pedro, y tampoco se realizarán las tradicionales “visitas de cortesía” que en general se hacían el día siguiente del Consistorio.

Al comienzo de la celebración el primero de los nuevos cardenales, monseñor Mario Grech dirigió un saludo al Papa, recordando “las dramáticas condiciones que la Iglesia y el mundo están atravesando”, que constituyen un verdadero desafío para dar una lectura de la pandemia que nos pueda dar a todos, a partir de esta tragedia “la oportunidad de pensar en nuestros estilos de vida, en nuestras relaciones, en la organización de nuestras sociedades y sobre todo en el sentido que damos a nuestras existencias”, expresó, citando textualmente la Encíclica del Papa Francisco “Hermanos, todos”.

Por su parte el Papa en su homilía se refirió al “camino”, tal como lo describe el evangelista Marcos, es decir como “el lugar donde se desarrolla siempre la trayectoria de la Iglesia: el camino de la vida, de la historia, que es historia de salvación en la medida en que se hace con Cristo, orientado a su Misterio pascual. Jerusalén siempre está ante nosotros. La cruz y la resurrección pertenecen a nuestra historia, son nuestro presente, pero también son la meta de nuestro camino”.

Este relato evangélico ha estado presente con frecuencia en los consistorios para la creación de nuevos cardenales, recordó el Papa, especificando que no era sólo un “trasfondo”, sino la ‘hoja de ruta’ para nosotros que estamos hoy en camino con Jesús, que va delante de nosotros. Él es la fuerza y el sentido de nuestra vida y de nuestro ministerio. Por tanto, queridos hermanos, hoy nos toca a nosotros confrontarnos con esta Palabra”.

En la homilía el Papa se refirió al desconcierto de los discípulos de Jesús que “estaban asombrados […] tenían miedo”. ¿Por qué? Porque sabían lo que les esperaba en Jerusalén; Jesús ya les había hablado abiertamente en otras ocasiones. El Señor conoce el estado de ánimo de los que lo siguen, y esto no lo deja indiferente. Jesús no abandona jamás a sus amigos; no los olvida nunca. Aun cuando parece que vaya derecho por su camino, Él siempre lo hace por nosotros. Todo lo que hace, lo hace por nosotros, por nuestra salvación”.

Luego, recordó la “infinita paciencia” de Jesús que no se enojó con sus discípulos: “Los disculpó, en cierto sentido, pero al mismo tiempo también los acusó”, diciéndoles que no se habían dado cuenta “de que se salieron del camino” …queridos hermanos: todos nosotros queremos a Jesús, todos deseamos seguirlo, pero tenemos que estar siempre vigilantes para permanecer en su camino. Porque con los pies, con el cuerpo podemos estar con Él, pero nuestro corazón puede estar lejos y llevarnos fuera del camino. Así, por ejemplo, el rojo púrpura del hábito cardenalicio, que es el color de la sangre, se puede convertir, por el espíritu mundano, en el de una distinción eminente”.

El Papa hace un paralelo entre el “contraste permanente” entre la actitud de Jesús y la de sus discípulos: “Él en el camino, ellos fuera del camino. Dos recorridos opuestos. Sólo el Señor, en realidad, puede salvar a sus amigos desorientados y con el riesgo de perderse; sólo su cruz y su resurrección. Por ellos y por todos, Él subió a Jerusalén. Por ellos y por todos, entregó su cuerpo y derramó su sangre. Por ellos y por todos, resucitó de entre los muertos, y con el don del Espíritu los perdonó y los transformó”.

Finalmente, el Papa explica que tanto San Marcos, como los evangelistas San Mateo y San Lucas agregaron este relato en los Evangelios “porque es una Palabra que salva, necesaria para la Iglesia de todos los tiempos”. Aclara asimismo que, si bien “los Doce hacen un mal papel, este texto entró en el Canon porque muestra la verdad sobre Jesús y sobre nosotros. Es una Palabra beneficiosa también para nosotros hoy. También nosotros, Papa y cardenales, tenemos que reflejarnos siempre en esta Palabra de verdad. Es una espada afilada, nos corta, es dolorosa, pero al mismo tiempo nos cura, nos libera, nos convierte. Conversión es justamente esto: desde fuera del camino, volver al camino de Dios. Que el Espíritu Santo nos conceda, hoy y siempre, esta gracia”, concluyó.

EL CARDENAL AÓS

El cardenal Aós tenía apenas 10 años cuando entró en la Orden de los franciscanos. Le preguntamos si alguna vez se le pasó por la mente que podría llegar a ser “príncipe de la Iglesia”: “Primero, quitemos eso del príncipe de la Iglesia, porque los cardenales en un tiempo pudieron ser príncipes cuando también los papas eran reyes, pero eran otros tiempos”, responde. “La función de un cardenal es ser consejero del Papa especialmente a los asuntos que le encomiende; si se diese la ocasión de elegir a un Papa, son los cardenales que tienen menos de 80 años los que eligen y luego tiene otra responsabilidad, otros servicios… han cambiado las circunstancias y lo que sí le puedo decir es que tenemos que ser lúcidos en nuestros juicios”.

“La pregunta es: ¿puede un niño de 10 años o de 6 amar? Yo creo que puede amar un niño de 5 años que va donde su papá o su mamá y le dice ‘te quiero’, lo está diciendo con todo su corazón; el mismo corazón que, cuando tenga 18 años, quizás vaya a donde una muchacha y le dice ‘te quiero’; el mismo corazón de una persona que, cuando tenga 80 o 90 años, vaya adonde su compañera de vida, su esposa y le diga ‘te amo”, es lo mismo: es el amor que se expresa con una manera diferente. Cuando entré al seminario, si usted me pregunta cuál es la imagen que uno tiene de los sacerdotes… era distinta…aunque sí era claro que yo quiero llegar a esta meta porque me siento llamado a esto, y esto implica no solamente el deseo de un niño, que es un capricho en un momento, sino que luego va a ser realidad”.

Luego especifica que “hay que cumplir cosas que entonces suponían un sacrificio: que tengo que estar en silencio, que tengo que formar filas, que tengo que estudiar, rezar… y uno va creciendo y va descubriendo, igual que cualquier otro muchacho, las realidades porque ya tiene 13 años, es un adolescente, tiene 16 o 18 años y ve a sus compañeros o a sus compañeras…y entonces uno tiene que elegir y decir yo voy a comenzar a pololear o voy a seguir por este camino”.

“Si usted me dice ¿un niño puede tener ocasión de futbolista?, no sé; seguramente, si usted mira lo que es un futbolista de élite, un crack, es distinta la noción: el niño ve eso como un entusiasmo y un sueño pero no se da cuenta quizás el sacrificio y esfuerzo que supone para ese futbolista el tener que estar todos los días entrenando, el tener que estar sacrificándose la comida, el decir ahora mis compañeros van a estar de fiestas, que son legítimas, pero yo no puedo hacerlo porque tengo que mantenerme…o sea, la vida del sacerdote es lo mismo y por eso es que no todos los que comenzamos terminamos”.

Como colaborador del Papa, los cardenales, tienen el título de una Iglesia. ¿Qué significa esto?, preguntamos: “El Papa es el obispo de Roma, y es al mismo tiempo, como sucesor de Pedro, el lazo de comunión de todos los obispos del mundo. Pero al ser obispo de Roma y al nombrar el grupo de consultorios, es decir el colegio cardenalicio los cardenales tienen esta vinculación especial con Roma y se les da una Iglesia donde ellos, en definitiva, son los párrocos, son párrocos de esa iglesia. En este momento lo que hacen es entregarle el título y hay que tomar posesión de esa iglesia”.

El hecho de tomar “posesión de la Iglesia” no es una cosa tan fácil, explica el cardenal Aós “como ir a hablar con el párroco y entenderme con él, no es así: para tomar posesión de esa iglesia interviene la Casa Pontificia, la Prefectura porque es esta vinculación con el Papa… técnicamente no es que sea posesión de uno, sino que en la Iglesia uno siempre está al servicio de todos los demás, al servicio de las comunidades cristianas”.

En su opinión, “para las comunidades cristianas estos títulos tienen que ser una cosa interesante e impactante, es como encontrarse con un nuevo Pastor, porque en definitiva trasciende la dinámica de las relaciones humanas para entrar en espíritu de fe; a veces vemos en Chile mismo que se cambia el párroco y como se angustian los fieles porque ‘nos van a cambiar al párroco que lo queríamos tanto, y ahora ¿qué va a pasar?’. ‘O van a ver quién va a venir’. Bueno, para estas comunidades es mucho más porque podrán ver y decir ‘Viene alguien de fuera’, que viene de Chile o viene de África o de no sé dónde, pero lo importante es que se diga ‘lo que nos une es la misma fe, creemos en el mismo Jesús que fue crucificado, que resucitó, que da vida a la Iglesia’, porque esta misma fe que tengo yo es la misma que tiene un japonés o la que tiene un noruego un africano y esto es importante”.

CEREMONIA DEL CONSISTORIO

En la Basílica de San Pedro a las 16:00, hora italiana (12:00) en Chile se realizó el Consistorio Ordinario Público durante el cual el Papa Francisco creó 13 nuevos cardenales.

Al principio de la celebración, el cardenal Mario Grech, Obispo Emérito de Gozo y Secretario General del Sínodo de los Obispos, en nombre de todos los nuevos cardenales dirigió un saludo al Papa.

Luego, después de la oración y lectura de un pasaje del Evangelio de San Marcos, el Papa hizo la homilía, a continuación, leyó la fórmula de creación y el nombre de todos los nuevos cardenales.

El rito prosiguió con la profesión de fe de los nuevos purpurados ante el pueblo de Dios, como también su juramento de fe y obediencia al Papa Francisco y a sus sucesores.

Los nuevos cardenales, según el orden de creación se arrodillaron ante el Pontífice que les impuso el solideo y el birrete cardenalicio, les entregó el anillo y la Bula de la creación, como también el documento de asignación del Título de una Iglesia de Roma, como símbolo de participación al trabajo pastoral del Papa.

Entre los nuevos cardenales no estuvieron presentes monseñor Cornelius Sim, Vicario Apostólico di Brunei, y monseñor José F. Advincula, Arzobispo de Capiz (Filipinas), que recibirán las insignias cardenalicias en sus respectivas diócesis.