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Tarapacá enfrenta el desafío de reducir su vulnerabilidad antes de la próxima lluvia extrema

PorIquiqueOnline

Sep 8, 2026

Gustavo Guarachi advierte que reconstruir sin modificar las condiciones que generaron el riesgo podría repetir el ciclo de emergencia, reparación y nueva vulnerabilidad

Las lluvias extremas registradas en Tarapacá durante agosto de 2026 no solamente dejaron daños materiales. También expusieron una pregunta que comienza a instalarse en la discusión regional: ¿qué tan preparada está la región para enfrentar un nuevo evento de características similares?

El sociólogo e investigador Gustavo F. Guarachi López aborda esta interrogante en una entrevista publicada este martes por Diario El Nortino, donde analiza los principales hallazgos y propuestas contenidos en el Reporte Científico: Impactos de las Lluvias Extremas en la Región de Tarapacá.

Guarachi plantea que responder esta pregunta requiere cambiar la forma en que se entiende un desastre. La emergencia no puede explicarse únicamente por la intensidad de las precipitaciones. La amenaza meteorológica interactúa con un territorio expuesto, condiciones de vulnerabilidad social, infraestructura y capacidades institucionales que pueden verse sobrepasadas.

Entre el 17 y el 20 de agosto, Tarapacá enfrentó precipitaciones intensas, fuertes vientos, tormentas eléctricas y nevadas en sectores cordilleranos. En Iquique se registraron 6,6 milímetros de precipitación el 18 de agosto, mientras que durante varios días se acumularon más de 40 milímetros en sectores del litoral. El balance de SENAPRED disponible al 21 de agosto contabilizó 1.953 personas damnificadas, 48 personas albergadas y 3.435 viviendas afectadas, 515 de ellas con daño mayor.

Pero detrás de esas cifras aparece una dimensión menos visible: el riesgo no se distribuye de la misma manera entre la población.

El investigador sostiene que los sectores con menores recursos suelen disponer de menos alternativas para acceder a viviendas bien localizadas, construcciones resistentes, seguros, ahorro y redes de apoyo. Determinadas zonas periféricas, bordes de quebradas y laderas pueden concentrar simultáneamente exposición territorial y vulnerabilidad social.

La consecuencia es relevante para las decisiones públicas. Si la vulnerabilidad existe antes de que ocurra la lluvia, reparar después del desastre no necesariamente significa reducir el riesgo.

“Existe un riesgo muy concreto: reconstruir la vulnerabilidad”, advierte Guarachi. Reparar una vivienda o infraestructura sin modificar las condiciones que originaron su exposición puede resolver el daño inmediato, pero dejar intacto el problema estructural.

Por ello, el desafío que plantea el reporte científico es pasar desde una política predominantemente reactiva hacia una política permanente de prevención y adaptación. La prioridad debería comenzar por identificar los puntos de riesgo, proteger a las personas, garantizar la continuidad de los servicios esenciales, intervenir infraestructura crítica y evitar que la reconstrucción reproduzca las condiciones anteriores.

El planteamiento también alcanza a la educación, la salud y la actividad económica. Una emergencia puede interrumpir clases, afectar establecimientos sanitarios, reducir ingresos de trabajadores independientes e informales y comprometer la continuidad de pequeñas empresas. La resiliencia, por tanto, no puede medirse solamente por la capacidad de reparar infraestructura.

Otro elemento central es el conocimiento. Guarachi plantea que las universidades deben convertirse en actores permanentes de la gestión territorial, desarrollando investigación aplicada, sistemas de información, monitoreo y modelos de riesgo, pero también articulando el conocimiento científico con la experiencia de las comunidades.

En esa perspectiva aparece el enfoque del Vivir Bien, incorporado como marco para relacionar sociedad, territorio y naturaleza. El modelo articula SER–ESTAR, CONOCER–SABER, HACER–TRANSFORMAR y DECIR–HABLAR, entendiendo la gestión climática como un proceso permanente de conocimiento, acción, diálogo y transformación.

La discusión, finalmente, no apunta necesariamente a crear más instituciones, sino a conseguir que las herramientas que Chile ya posee en materia de cambio climático, gestión del riesgo, vivienda, infraestructura, planificación e inversión pública funcionen coordinadamente sobre el territorio.

Para Guarachi, la pregunta que debería orientar esta nueva etapa no es solamente cuándo volverá a llover, sino qué se puede transformar antes de que vuelva a ocurrir.

Porque la lluvia no está bajo control humano. Pero sí lo están, en buena medida, las decisiones sobre cómo se construye el territorio, dónde se invierte, qué infraestructura se protege y cómo se prepara a las comunidades.

Lea la entrevista completa y consulte el reporte científico

Las declaraciones y el análisis de Gustavo F. Guarachi pueden revisarse íntegramente en la entrevista publicada este martes por Diario El Nortino:

Lea la entrevista completa en Diario El Nortino

Asimismo, el Reporte Científico: Impactos de las Lluvias Extremas en la Región de Tarapacá está disponible para consulta y descarga en los sitios de las tres instituciones que participaron en su financiamiento: Fundación Mariposas de Miraflores, Fundación Alianza Mundial Aymara y Universidad del Liderazgo de Gobierno.

Fundación Mariposas de Miraflores:
Consultar y descargar el reporte

Fundación Alianza Mundial Aymara:
Consultar y descargar el reporte

Universidad del Liderazgo de Gobierno:
Consultar y descargar el reporte

La emergencia de agosto ya ocurrió. El desafío para Tarapacá es que sus consecuencias no vuelvan a repetirse bajo las mismas condiciones.